Cambios inesperados y a contrarreloj

En un día, puede cambiarte la vida por completo, para nunca jamás ser como lo fue hasta la fecha. A veces para bien, a veces para mal, la madre naturaleza regulando quienes nacen y quienes mueren, cuadrando las cuentas al final de cada jornada. Familias que sonríen ante la llegada del nuevo integrante, y familias que lloran ante la pérdida de un ser querido. Todos los días, en todas partes, sin excepción.

El 14 de noviembre falleció mi madre. En unas pocas horas mi vida se derrumbó como un castillo de naipes. La vida de la persona que me la dio hace muchos años, se apagó, y nunca más volvería a abrir los ojos, a hablarme, a llamarme, a decir mi nombre, César.

A la desgracia de quedarme totalmente sólo en el mundo, se le añade el no tener actualmente trabajo, y por ello, ingresos. Vivimos, bueno, vivo, de alquiler.

Uno de mis sueños era en un futuro, cuando las cosas fueran mejor, o llegase el fallecimiento de mi madre pero en mejores circunstancias, era irme a Madrid o Barcelona, para empezar de cero, con los años terminé odiando mi ciudad. Ahora, directamente es que no me dice nada. Salvo el Jardín del Turia, es lo único que necesito de Valencia. Actualmente me gustaba más Barcelona, había estado hace poco y además el tener puerto, playa y todo eso, como Valencia, me era más cercano, familiar. Además tengo amigos y gente a la que aprecio mucho allí. También en Madrid, por supuesto.

Sin embargo, si no ocurre un milagro, en lo que a estas alturas no creo, me iré a casa de mi amigo Paco, a Manzanares (Ciudad Real), el cual me ha ofrecido su casa. Por que era o eso o irme a vivir en unos pocos meses debajo de un puente. Y ya es que ni eso, en el puente de Nuevo Centro quitaron las plataformas y pusieron una piscina para que no acampasen los sin techo.

Una ciudad nueva, en donde tendré que empadronarme, compatibilizar papeles del paro, tarjeta del médico, etc. La ciudad ya la conozco, he estado cerca de un mes por allí. Ahora será de forma indefinida y “con papeles”.

Tengo que dar las gracias al apoyo por parte de muchos amigos y amigas, tanto por mensajes, como por llamadas, así como no permitir que me quede en la calle sin nada.

Abandonaré la tierra en la que he nacido, en la que he reído y llorado, en la que me formé como persona y llegué a ser lo que soy, con mis virtudes y defectos. Y ahora ha llegado el momento de abandonarla. Pero no sólo me alejaré de mi tierra. Me alejaré aún más de quien, sin saberlo, forma parte de mis pensamientos cada día, de quien sin saber bien cómo, fue llenando mi corazón marchito de vida. Me alejaré más aún. Físicamente. Aunque las distancias no existen más allá de nuestra percepción.

Quien me iba a decir que iba a evolucionar de valenciano a manchego. Quien me iba a decir que en tan poco tiempo mi vida iba a cambiar tanto.

Otro día os cuento lo de la mudanza, limpieza de trastos etc que me he enrollado demasiado y me arriesgo a que no me leáis.

 

Gracias por leerme. A tí, también.

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6 comentarios en “Cambios inesperados y a contrarreloj

  1. ‘No os preocupéis demasiado esta noche pensando en el camino, pues los caminos que seguiréis todos vosotros ya se extienden quizás a vuestros pies, aunque no los veáis aún’ (Galadriel)

  2. Cesarin soy Alex desde el otro lado del charco os acompaño en espiritu y recuerda animo y pa lante y acá tienes un amigo q esta al pendiente de tu persona y para lo q se os ofrezca con toda confianza cuenta con mi apoyo vale! un fuerte abrazo. =))

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