Mi visita a Valencia en Fallas y reflexiones

El día 15, sábado, mediante un viaje organizado en autocar (y que nos salió bastante económico respecto al tren) bajamos a Valencia Paco y yo. Digo bajamos porque estamos a 658 metros sobre el nivel del mar. En esta entrada voy a contar dos cosas, cómo nos fue por allí y cuánto echo de menos mi tierra, esta segunda parte podéis ignorarla si queréis. De hecho, la entrada completa podéis pasarla por alto. Por mi costumbre de narrar detalles absurdos, mi memoria es así, me fijo hasta en cuantos bancos hay en un paseo.

Salimos de Manzanares sobre las 7 de la mañana y tras dos intentos fallidos, paramos en un bar de carretera por Cuenca para almorzar (porque yo ya había desayunado en casa) y bueno, tenían tortillas de patata tamaño queso manchego (gigantes) pero las camareras eran muy lentas, muy muy lentas. Y me sirvieron el café con leche en un puto vaso de caña, pero me contuve de decirles que me lo pasasen a taza, no sea tardasen media hora más en hacerlo. No había pedido nada más que el cafelet. Que tampoco era gran cosa.

Continuamos el viaje y llegamos sobre las 11 a las Torres de Serranos, y de allí nos fuimos a ver la primera falla, la de Na Jordana, “Tirant lo banc”. De ahí volvimos al punto de partida y cruzamos el Pont de Fusta para ir a la estación de tranvía del mismo nombre, y de ahí hacia Benimaclet y enlazar con el metro para ir hasta Xátiva. En la Estació del Nord era complicado ir al baño (pestuzo increíble) así que hicimos una visita urinaria a la Fnac, que está cerca. En el pasillo del baño habían hombres con smartphone en mano, fue curiosa la escena. Esperaban a sus mujeres/hermanas/hijas/etc, claro. A las 12:40 recogimos a Juanfran y ya nos fuimos a dar una mini vuelta antes de coger sitio en Marqués de Sotelo para la mascletá. Nos quedamos a la altura de la falla “Telefónica” (Marqués de Sotelo – Convento Santa Clara si no me equivoco), había un tapón formado por un grupo de treintañeros con sus carritos de niños SIN LOS NIÑOS formando un corro, un stonehedge en una zona que se estrechaba, y hasta ahí pudimos avanzar. La mascle no estuvo mal.

Después de ahí nos fuimos al Bar Guimerá a comer, y menuda comida. Es el mejor bar de mi antiguo barrio en Valencia, con diferencia. Sobre todo porque después de comer si pides un café con leche viene en taza y dos sobres de azúcar. Ahora entendéis por qué me quejo tanto en redes sociales con el café por aquí por La Mancha.

Habíamos quedado con Jesús (Abogado Amigo) y nos fuimos a un Pans, porque en plenas Fallas, poco más puedes elegir que tenga aforo suficiente, y como estaba yo recién comido y cafeteado, pedí un helado, al igual que los demás. Vimos la falla del Ayuntamiento, nos hicimos una selfie y luego ya Jesús se fue y nos fuimos a ver la falla de Convento Jerusalén – Matemático Marzal. Juanfran se pilló una camiseta de Sons of anarchy, una de las 800 series que tengo pendientes de empezar a ver.

Una vez visitada la falla, volvimos a la estación e hicimos tiempo hasta que se hizo la hora de irse Juanfran, y luego Paco y yo decidimos que mejor cenar un poco, para no hacerl oen el autocar de regreso. Debíamos estar en las Torres de Serranos a las 22h. Pero en Fallas, Metro Valencia y sábado, había que ir con tiempo de sobra. me llevé la decepción del año, el Pans de la estación estaba cerrado… Es un local muy especial para mí, cuando era Bocatta y ahora con la enseña Pans&Company (aunque son de la misma empresa-grupo), porque iba con mi madre antaño y porque hasta mi último día en la ciudad, lo visité, era un local como he dicho muy especial, porque está en el andén, y ver los trenes ir y venir, y escuchar la megafonía mientras estás allí es único. Verlo cerrado, con las luces apagadas y sin las mesas, ni sillas, ni casi nada, y sucio, me disgustó muchísimo. En las anteriores Fallas aún estaba.

Tuvimos que cenar en otro sitio dentro de la estación bastante más caro. Y después nos fuimos al metro, petado de gente y con borrachos cantando, típico. Luego tranvía hacia Pont de fusta y de ahí a las Torres de Serranos a esperar el bus de vuelta.

Este viaje me ha supuesto volver a mi tierra, verla en plena fiesta grande. Y darme cuenta, más aún, de que la echo mucho de menos y que hasta que no regrese, no podré ser feliz. Por más que lo intento, no puedo serlo aquí. No estoy solo, pero pasar de vivir en una ciudad que se acerca al millón de habitantes, con todo tipo de servicios y en la que puedes hacer vida tú sólo sin depender de nadie y sin que nadie te juzgue, a vivir en una de 20.000 habitantes en donde no conozco a nadie, y que aun viviendo un año aqui ya, no me he conseguido adaptar a muchas cosas…

Tengo muy difícil muchas cosas, trabajo y dinero, en ese orden. Sin lo uno no tengo lo otro, pero sin el segundo a su vez tengo difícil acceder a un trabajo lejos de aquí. Porque ya tengo claro que aquí no voy a encontrar nada, en Valencia (o quizás hasta otras provincias) sí que tengo más oportunidades (por extensión, cantidad de empresas, por mentalidad, por todo), de hecho he empezado a echar CV’s primeramente en Valencia, pero no descarto enviar a cualquier parte de España. Aunque acabe viviendo un mes debajo de un puente. Quiero trabajar, pagar deudas, poder tener mi dinero, no depender de nadie más que de mí. Pero hay días que me levanto sin ganas de nada. En Valencia me bajaba al antiguo cauce del Turia y me despejaba. Aquí ni eso, hay zonas verdes, pero no es lo mismo. Porque por mucho que lo intente, no es mi tierra, mi ambiente, donde me he criado, donde me he hecho persona. Y me duele escribir esto porque parece que sea un desagradecido. No es eso, es que simplemente… Soy de Valencia, y allí me sentía más cerca del resto de España, que aquí. Y allí tengo, en el cementerio, la única persona que me ha querido de forma incondicional, mi madre.

Espero algún día poder releer esta entrada y pensar que todo pasó, y que mejoró en algo mi vida. Con vivir en Valencia (o cerca de ella mediante transporte) y un trabajo que me permita vivir bajo un techo y comer, me basta. Tampoco pido tanto, creo.

Si alguien ha tenido la paciencia de leer hasta aquí, gracias.